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Rutas Navarra

Ruta ARALAR Y EL VALLE DE LA ULZAMA

SIERRA DE ARALAR Y EL VALLE DE LA ULZAMA: San Miguel de Aralar-Nacedero del Larráun-Robledal de Orgi

Estas tierras son de una belleza espectacular. De nuevo sorprende el verdor de la Navarra Húmeda y el encanto de unos pueblos pequeños y ganaderos.

 

En Aralar se conjuga el esplendor agresivo de las crestas de los montes copados con los más de 60 dólmenes que hallamos en la sierra y la frondosidad de los bosques. En la Ulzama, el entorno se suaviza y los prados y valles crean una sensación de paz difícilmente igualable.

 

Para llegar a nuestro destino, debemos emprender carretera hacia San Sebastián y Vitoria por la variante y si no, cruzando la Avenida de Guipúzcoa donde el tráfico no es tan ágil. En Berriozar ambas vías se unen. Ya en el kilómetro 17, giramos a la izquierda por la variante de Irurzun accediendo unos kilómetros a la autopista y tomamos enseguida la N-131 hacia San Sebastián. Habremos visto el entrañable enclave de Dos Hermanas, dos montañas gemelas separadas para dar paso a la carretera y al río Larraún.

 

En el kilómetro 34, giramos hacia Lecumberri. Acompañados por la imponente visión del cresterío o circo de las Malloas, nos desviamos hacia la izquierda para acceder al Santuario de San Miguel. Nos espera una carretera estrecha pero segura, por la que debemos circular con precaución y así, de paso, disfrutar del magnífico hayedo que nos rodea. Pronto llegamos al majestuoso San Miguel de Aralar, sobria construcción que gobierna con serenidad una vista imponente.

 

De regreso ya hacia Lecumberri, tomamos el desvío de la N750 y dejamos el vehículo en Iribas. Tras media hora, alcanzaremos el nacedero del Larráun en Aitzarreta, increíble manantial que está a los pies de un acantilado. Eso sí, si ha llovido, desestiremos. El barro se apodera del camino.

 

De regreso a Pamplona, en Urritza nos dirigimos a Lizaso. Es una estrecha ruta rodeada de bosques, prados y pastizales del idílico paisaje de Basaburua Mayor, que sin enterarnos, tras pasar Erbiti, nos llevará hasta el valle de la Ulzama.

 

En el hermoso concejo de Lizaso, encontramos el robledal de Orgi, un espacio recreativo agradabilísimo acondicionado para disfrutar de un tranquilo paseo.

SIERRA DE ARALAR

La Sierra de Aralar es un espectáculo en sí misma. Con la claridad de los días despejados o con la magia tenebrosa de las habituales nieblas, siempre luce majestuosa.

 

Son 208 km cuadrados de crestas de roca caliza y valles más suaves y ondulados que se extienden hasta Guipúzcoa. Dos terceras partes de la sierra pertenecen a Navarra y el resto, a la provincia vecina. Desde el Santuario de Aralar se domina gran parte de su poderío.

 

Aralar ha contado con la presencia humana desde tiempos prehistóricos. La prueba son los 44 dólmenes y el menhir que poblan el lugar y que configuran la mayor concentración de dólmenes en Navarra. Muchos afanosos investigadores han estudiado estas muestras megalíticas, los surcos en ellas marcados y los restos hallados en estas sepulturas colectivas.

 

Sobre ellas llueve con mucha frecuencia,pero sin embargo, despierta la atención el hecho de que la sierra de Aralar apenas tiene arrollos ni riachuelos. El motivo, una estructura fundamentalmente caliza que logra que de su roca, lo mismo surjan cientos de simas y grutas, que manantiales que descargan el agua absorvida por la tierra. Por el interior de las montañas, circulan cantidades enormes de agua infiltrada.

 

El río Larráun, al igual que el Guadiana, conquista la superficie cuando lo desea y decide también a su antojo, cuándo desaparecer de la vista de los que le buscan. El Larráun “nace” varias veces. La primera en el manantial de Aitzarreta, en un increíble acantilado y con un fuerte caudal dependiendo de las estaciones. Luego, todo el agua es atrapada por un sumidero que convierte el siguiente tramo de la superficie en un terreno completamente seco, a no ser que haya llovido tanto que la tierra no haya absorvido todo el agua. Aún si ha vuelto a aparecer, todo rastro se elimina en la sima de Legezalde hasta que “nace” por segunda vez en el nacedero de Iribas, con un caudal aún más fuerte.

 

En un lugar como Aralar, podemos practicar muy diversos deportes: desde esqui, piragüismo y espeleología, hasta senderismo, montañismo o bicicleta de montaña. Solo queda elegir.

EL SANTUARIO DE SAN MIGUEL DE ARALAR

En lo alto de la Sierra, a 1.235 metros, el Santuario de San Miguel de Aralar puede presumir de infinitas virtudes, pero sin duda, lo hará del paisaje. Los 1.494 metros del monte Beriáin, el espolón de San Donato, el Corredor del Araquil 700 metros más abajo, el desfiladero de Oskía, la Sierra de Urbasa, el banco rocoso de Putretoki y al fondo los lejanos, pero siempre presentes Pirineos, nos pueden quitar el aliento. Aún con niebla, bastante habitual en Aralar, siempre que no sea demasiado espesa, la panorámica no pierde su encanto. Es más, envuelve todo en un halo mágico de historias y leyendas tenebrosas.

 

Antes, llegar a San Miguel suponía un gran esfuerzo, ya que no exisitían carreteras y la marcha podía llegar a costar más de dos horas. El santuario era el premio que los agotados romeros recibían tras su peregrinación. Es más, incluso hubo un capellán que se opuso constantemente a la construcción de estas vías, ya que temía que con ellas, la ardua romería perdería su sentido.

 

El Santuario de San Miguel de Aralar fue alzado en el 1074. Tiene tres naves, tres ábsides y un pórtico, además de una capilla en su interior del siglo XII de la que cuentan está construída sobre el lugar en el que se le apareció un dragón al caballero navarroTeodosio de Goñi. Según la leyenda, el arcángel le salvó con su cruz del dragón y liberó al caballero de las cadenas que le ataban como condena por haber matado a sus padres en un ataque de celos.

 

La joya más valorada en Aralar es un retablo considerado como una de las obras de esmaltería más emblemáticas de la Edad Media. Es de finales del siglo XII y ofrece una belleza y combinación de colores inusitada. Comparte protagonismo con la talla de plata sobredorada de San Miguel, santo que todas las primaveras visita los pueblos de Navarra con el deseo de que lleve lluvia. Bendice a las gentes, al ganado y los campos y es recibido en ellos con todos los honores.

EL VALLE DE LA ULZAMA

El valle de la Ulzama parece haber salido de la imaginación de un pintor. En sus cuadros, reflejó un paisaje ondulado y verde, suavizado, dulce. Las cumbres no son altas ni de corte agresivo, sino montañas más apacibles. Los anchos y verdes prados sortean su espacio con arboledas, los bosques de hayas, robles, pinos y castaños también surgen en este bello lienzo. Las tierras se separan por setos naturales y vivos y permiten parcelas de distintos tamaños y colores.

 

En este valle rodeado de montañas, prados y bosques, riachuelos y ganado pastando en él, se respira un clima húmedo y suave, propio de pastos y helechales.

 

Los pueblos son pequeños y bellos. Sus casas suelen ser grandes, de piedra, con cubierta a dos aguas y puertas de medio punto que adornan las fachadas acicaladas con importantes balconadas. Entre ellos, podemos llamar la atención sobre Auza y Elzaburu, preciosas localidades del valle de la Ulzama.

 

Los pueblos de la Navarra Húmeda, son ganaderos y forestales, aunque en los últimos años han dado un fuerte impulso a la industria de derivados lácteos. Disponen también de una cocina extraordinaria.

 

Para admirar bonitas vistas del valle, podemos visitar Elso o acudir al mirador de Guelbenzu, desde donde se ve el valle de la Ulzama y Basaburua, hasta las Malloas y la Sierra de Aralar.

 

En Auza, dirección a Elzaburu, en apenas cien metros, hallamos una pista que nos conduce hasta la Yeguada de la Ultzama, 120 hectáreas donde viven potros y yeguas con el objetivo de llegar a ser verdaderos pura sangre de carreras. Un auténtico espectáculo.

 

Ya en las cercanías de Lizaso, veremos las indicaciones que nos llevarán hasta la fascinante Área Natural Recreativa de Orgi. Entre senderos y caminos, la cercanía de la Naturaleza y el frescor de los robles y 50 especies más de árboles, Orgi aguarda nuestra visita.

EL ROBLEDAL DE ORGI

Muy próximo a Lizaso y apenas a 30 kilómetros de Pamplona, se encuentra el Área Natural de Orgi.

 

Acondicionado para la llegada del visitante, el robledal está surcado por senderos que permiten un agradable paseo. Nos aguardan 80 hectáreas de monte comunal en el que se acomodan los robles pedunculados y más de cincuenta especies de árboles, plantas y arbustos. Los más de 40 tipos de aves también se hacen patentes en este lugar donde cohabitan, desde el mirlo y el carpintero, hasta el gavilán.

 

La bienvenida nos la da un punto de información con sus debidos paneles explicativos ubicados junto a un merendero y al aparcamiento en el que podemos dejar el vehículo.

 

A través de unos caminos de más de 2 kilómetros, sentiremos a cada paso la serenidad del robledal. En Orgi se ha cuidado con exquisitez la libertad de la naturaleza. Estamos en medio de un entorno vivo y que crece según sus propias leyes. En él, apenas se han preparado algunos senderos y puentes muy rústicos para facilitar el acceso, pero tenemos la oportunidad de presenciar en butaca de primera fila el espectáculo que ofrece la vida vegetal y animal en libertad.

 

En este recorrido, hay un pequeño laberinto de vegetación que hará las delicias de los más pequeños. Además, existe una última y bella parte de Orgi, pero que tiene limitado su paso. Se encuentra al otro lado de la carretera que conduce a Guelbenzu y es una zona de regeneración forestal.

 

Es necesario destacar que el robledal de Orgi desarrolla un interesantísimo programa para aquellos que tienen algun tipo de incapacidad visual. Suelen organizar actividades en las que se da prioridad a otros sentidos que no sean la vista: una manera distinta de sentir la naturaleza y que facilita a muchos disfrutar plenamente de todo lo que ofrece el robledal. Y es que la mayor parte de las veces, muchas personas no cuentan con los recursos necesarios para sacar el mejor partido a lo que nos rodea, y en general, todos nos perdemos sensaciones indescriptibles por no saber utilizar todas nuestras capacidades. Hoy podemos ponernos a prueba.

Ruta ENTRE FOCES

FOZ DE LUMBIER Y FOZ DE ARBAIUN

En la Foz de Lumbier o en la de Arbaiun, uno siente, indefenso, la fuerza de la Naturaleza. Nos golpea el poder del agua y la erosión, que durante millones de años, lograron cavar gargantas en la montaña. Son parajes inaccesibles de paredes verticales, cauces profundos, roquedos surcados por grietas y cuevas, refugio de muchos animales, en especial aves. Predominan los buitres leonados, quebrantahuesos, halcones, milanos. No extraña que la Foz de Arbaiun fuera declarada Zona Especial de Protección de Aves.

 

Salimos de Pamplona dirección Zaragoza-Madrid y tomamos el desvío hacia Jaca-Huesca por la N240. Dejamos atrás el puerto de Loiti y giramos a la izquierda por la N150 que, en tres kilómetros, nos dejárá en el desvío de la Foz de Lumbier.

 

Nos espera un desfiladero de algo más de un kilómetro, 40 hectáreas de Reserva Natural y un desnivel de 130 metros tallado por el agua sobre duras rocas calizas. Al principio y al final, el paso es estrecho, si bien en su interior la amplitud crece. Lugar impenetrable a excepción de los valientes almadieros, vió pasar hasta los años 50 el ferrocarril “El Irati” a través de dos túneles horadados en la montaña. Ahora, la antigua caja del tren posibilita un sendero en la Foz. En ella, encontramos un puente semiderruído del siglo XVI que, según cuenta la leyenda, lo construyó el diablo.

 

Para visitar Arbaiun, salimos a la carretera de Lumbier, la N178, y ya en Domeño nos dirigimos a Usún. Desde el puente de Usún, parte un estrechísimo sendero de 3 kilómetros tallado en la roca que fue canaleta de agua hasta Lumbier.

 

Arbaiun es una Reseva Natural de 1.164 hectáreas. El río Salazar recorre 6 kilómetros de vértigo, por un cañón de 385 metros de profundidad y 550 de separación media entre sus paredes. Tiene una curiosa estructura: radicalmente vertical en su parte superior con paredes escarpadas de dura roca calcárea y la parte más baja, más suavizada, de roca caliza arenosa, menos resistente y permeable, que favorece el desgaste.

 

Cuenta con una enorme diversidad de vegetación, aunque predominan los robles y encinas, hayas, carrascales, quejigales y boj.

Ruta PIRINEOS ATLÁNTICOS

PIRINEOS ATLÁNTICOS: Señorío de Bértiz-Elizondo-Cuevas de Urdax-Cuevas de Zugarramurdi

En el valle del Baztán, la magia propia del norte de Navarra corona unos paisajes fascinantes, unos pueblos llenos de sencillez y una gastronomía extraordinaria. La riqueza de sus extensos pastizales siempre verdes se refleja en las reses de este idílico lugar. Los robles y las hayas predominan en los bosques frondosos. Los montes, poco a poco, pierden altura conforme se aproximan al Cantábrico.

 

El valle de Baztán, con lluvias frecuentes, destaca por el verdor de su paisaje. Debemos cruzar el puerto de Belate ahora más suave gracias al tunel de reciente construcción, aunque las curvas y las pendientes hacen acto de presencia.

 

Salimos de Pamplona por la Avenida Baja Navarra, dejamos Burlada a la derecha y emprendemos ruta dirección Francia por la N121A. En la siguiente rotonda y en el próximo cruce, enfilamos de nuevo esa misma dirección. Pasaremos muy cerquita de Lanz, en la falda del monte Saioa, conocido por sus carnavales. Dejaremos a la derecha la Venta de la Ulzama, donde a la vuelta debemos probar su artesanal cuajada.

 

Muy cerca, topamos con la entrada al Señorío de Bértiz, un magnífico espectáculo de cuidados jardines y bosque libre.

 

El paisaje del puerto, repleto de barrancos y montes, impresiona, pero la vía es amplia y permite realizar varias paradas para admirar bellas panorámicas.

 

Si continuamos ruta por la N121 B, pronto llegamos a Elizondo, preciosa villa con casas enmarcadas por vigas de madera y escudos señoriales, que se sitúan a un lado y otro del río, separado por diversos puentes llenos de un encanto húmedo. Algunas casas parecen surgir del mismo río Baztán.

 

Debemos superar el puerto de Otsondo, hasta alcanzar su cima que nos ofrece una panorámica espectacular. Iniciamos el suave descenso de siete kilómetros hasta llegar a Urdax y su popular barrio de Dantxarinea, donde giramos a la izquierda hasta llegar por una carretera estrecha a las cuevas de Zugarramurdi, donde aún sobrevuelan historias de brujas y aquelarres.

 

Ya de regreso a la carretera general, podremos coger el desvío hacia Urdax y las Cuevas Ikaburu, el paraíso de las estalactitas y estalagmitas. Preciosa excursión.

SEÑORÍO DE BÉRTIZ

El Señorío de Bértiz son 2.000 hectáreas disfrutables hasta el último centímetro: su espectacular jardín botánico, los edificios palaciegos y el bosque agreste y salvaje que rodea este magnífico conjunto conforman un lugar hermoso y de vital importancia en Navarra.

 

Hoy es un Parque Natural, pero en otros tiempos, fue un territorio que se concedió a los señores del valle en recompensa por mantener la neutralidad de Navarra ante Francia y Castilla.

 

Pedro Ciga y Mayo fue su último propietario. Lo adquirió en 1889 por 650.000 pesetas de la época en oro. Apasionado de la naturaleza, este adinerado abogado logró crear un jardín botánico de más de 120 especies de todos los continentes. A su muerte en 1949, Pedro Ciga donó Bértiz a la Diputación Foral de Navarra con una sola condición: debían conservar la finca sin variar sus características.

 

Su cuidado jardín arbóreo permite recorrer, botánicamente hablando, muchos países. Debidamente rotuladas, más de 120 especies esperan al visitante en un recinto de ensueño surcado por puentes, cascadas, pérgolas, senderos y estanques. Algunos de estos árboles y arbustos, fueron traídos por Pedro Ciga de sus innumerables viajes y entre ellos, podemos destacar un exótico gingko de hojas abanico, una palmera cica de Java y una sorprendente jungla de bambúes.

 

Por si fuera poco, el Señorío cuenta con un Centro de Interpretación de la Naturaleza ubicado en el caserío de Tenientetxea. Una capilla de estilo modernista, completa el conjunto del Señorío.

 

Y aún nos queda el monte. A pie, en bicicleta o a caballo, podemos tomar la vía que parte del jardín y sumergirnos en una vegetación que nos inunda con su belleza salvaje. Nos espera un impenetrable bosque de haya, roble y castaño, surcado por un sendero de 11 kilómetros que culmina en el palacio de Aitzkolegi, un verdadero capricho que Pedro Ciga regaló a su mujer, desde el cual se divisa una impresionante vista. Este bosque alberga a muchas especies animales, algunas en extinción. Llama la atención las 50 especies de aves localizadas en Bértiz. ¡A disfrutar!

ELIZONDO

El bello pueblo de Elizondo es la capital del valle de Baztán, centro comercial y administrativo. Todo el valle forma un sólo término municipal y las propiedades comunales pueden ser utilizadas por cualquier vecino. Elizondo, lugar elegido para celebrar ferias y mercados, es una población animada, siempre en constante ebullición.

 

El norteño caserío de Elizondo se asoma a las orillas del río Baztán o Bidasoa. Las casas suelen ser grandes, con tejados a dos aguas y potentes aleros que protegen las preciosas balconadas de madera. Las puertas, formadas por un arco y zaguán, recogen la mirada del paseante.

 

Llama poderosamente la atención las numerosas casas señoriales y palaciegas que adornan Elizondo, especialmente en la calle mayor. De estas tierras, hubo tiempos en los que sus habitantes tuvieron que emigrar a América. Otros labraron su futuro como hidalgos en la Corte de Madrid y obtuvieron títulos nobiliarios. Algunos hidalgos e indianos regresaron y trajeron su fortuna.

 

Entre esas casonas, debemos destacar el Palacio barroco de Arizkunenea. Fue edificado en 1730 por Miguel de Arizkun, importante servidor de la Corte de Felipe V. Durante la primera guerra carlista tuvo como ilustres huéspedes al pretendiente al trono en España, Carlos de Borbón, a Zumalacárregui y al general Espoz y Mina.

 

La construcción porticada de la Casa Consistorial es barroca del XVIII. Aún guarda en su interior la antigua bandera del valle, que según cuentan, ondeó en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

 

Otras construcciones de renombre son la casa de Istekonea, los palacios Cabo de Armería Arozarena y el de Arretxea, la casa Francesenea, el Palacio Datue, la Casa del Virrey y la Iglesia de Santiago.

 

Para los amantes del dulce, aquí tienen su perdición. La pastelería Malcorra elabora un delicioso chocolate con avellanas. Pero es sólo el comienzo. En Elizondo las ricas tierras ofrecen productos de extraordinaria calidad: la carne de vaca, cordero y cerdo es magnífica, la trucha asalmonada exquisita, y en los postres, la cuajada y el requesón, quitan el sombrero. Un plato típico en el Txuri-tabeltz, un guiso elaborado con tripas de cordero muy bueno.

URDAX: CUEVAS DE URDAX O DE IKABURU

A pesar de que las cuevas de Zugarramurdi son más famosas por su relación con la brujería, las de Urdax son más espectaculares y hermosas.

 

Casi en la frontera con Francia, Urdax es una bonita localidad ganadera, paso obligado de la ruta jacobea. De ahí su origen. Desde 1221, la Villa estuvo bajo el gran poder del monasterio de San Salvador de Urdaz, antiguo hospital de peregrinos, hasta 1789. De este monasterio, quemado y saqueado en la Guerra de la Convención y abandonado en 1839, podemos ver su imponente iglesia. Otras partes, como el claustro, se habilitaron posteriormente como viviendas. El resto de las dependencias pertenecen a los siglos XVI y XVII.

 

Camino de Zugarramurdi, junto al caserío de Matxingonea, hallamos las cuevas de Ikaburu, donde cuentan, vívian las lamias, seres mitad mujer, mitad pez. Son 350 metros de gruta, con distintas cavidades menores siempre impregnadas de la sensación que produce observar cómo las estalactitas y estalagmitas grisáceas por la cal y pulidas por el magnesio, nacen y mueren.

 

De sus numerosas ramificaciones, surgen increíbles salas que retienen el sonido de un riachuelo: el Urtxuma. Esta cueva está acondicionada para el visitante con buena iluminación y escaleras.

 

Además, Urdax tiene dos yacimientos prehistóricos, que son la cueva de Alkerdi y la de Berroberría.

 

También podemos ver el caserío de Axular, del cual Pedro de Aguerre, gran escritor clásico en euskera, tomó su nombre. Una leyenda relata que el diablo le dio clases de nigromancia a cambio de su alma. Pero Pedro Axular cambió de opinión a la hora del “pago” y salió huyendo. Satanás lo persiguió, pero tan sólo pudo atrapar su sombra. Por ello, Axular era conocido como “el hombre que perdió su sombra”. Otros muchos relatos legendarios de brujos o itxikos, fruto de la imaginación del pueblo, vuelan sobre los paisajes que rodean a Urdax.

 

Además, en Urdazubi-Urdax, se puede disfrutar de una excelente comida: sabrosos hongos, judías, puerros, achicorias así como jugosas carnes de vaca y cordero o ya en el capítulo de postres, artesanas cuajadas y requesón de leche de oveja.

LAS CUEVAS DE ZUGARRAMURDI

Zurragamurdi nació como granja del monasterio de San Salvador de Urdax. Se encuentra en una zona de Navarra de arraigadas costumbres precristianas que fueron caldo de cultivo de la brujería, especialmente en los siglos XVI y XVII.

 

Históricamente, debemos remontarnos al auto de fe de 1610 en el que 31 vecinos de Baztán, Urdax y Zugarramurdi fueron acusados de brujería y llevados a Logroño. La Santa Inquisición les imputó participar en misas negras y orgías, poseer el demonio, cometer actos de vampirismo y necrofagia, lanzar maleficios y provocar tormentas. Algunos confesaron y se salvaron. Trece murieron en las crueles prisiones de entonces y ante treinta mil espectadores, seis de ellos fueron quemados vivos en la hoguera y cinco murieron en estatua.

 

Las grutas en las que supuestamente se celebraron estos aquelarres, están a 400 metros de Zugarramurdi junto al prado de Berroskoberro o Akelarre. Se accede a ellas por una cavidad excavada por la regata del Infierno o Infernuko erreka. El agua la recorre 120 metros por un túnel que alcanza alturas de 12 metros, interrumpidas por dos galerías aún más elevadas. Una se llama Sorgin-leze, cueva de las brujas.

 

Cuentan que aquellos que deseaban encontrarse con Lucifer se desplazaban volando en sus escobas o convertidos en animales. Se entregaban a una ceremonia de culto al diablo, el cual se personaba en forma de carnero o de ser humano. Tras un rito en el que comían a los muertos comenzaba el desenfreno orgiástico.

 

Entre tanta magia y leyenda, probablemente muchos malintencionados vecinos aprovecharon para culpar de los males a gente del pueblo, que tras la tortura, se declaraban culpables. Seguramente, estas reuniones no serían más que ganas de romper la monotonía y disfrutar con lo prohibido, pero nada de actos diabólicos.

 

En la llamada Cueva Grande, durante las fiestas patronales, se realiza el 18 de agosto una opípara comida. Sobre una hoguera, se colocan trozos de carnero asado o ziriko-jatea, ensartados en estacas. Acompañado de una piperrada y una sopa, configuran un tradicional acto que congrega a muchos vecinos de la zona y también del país vecino.

Ruta PIRINEOS ORIENTALES.

PIRINEOS ORIENTALES: RONCESVALLES-IRATI

Esta es la ocasión de recorrer una parte del Camino de Santiago, pero al revés. Y es que, desde el fascinante conjunto monumental de Roncesvalles, surge la ruta jacobea en España. Un camino inmerso en la hermosura de los verdes paisajes forales y la hospitalidad de sus bonitos pueblos.

 

Dejamos Pamplona por Burlada y en el cruce de Villava (localidad de origen del campeón de ciclismo Miguel Induráin), tomamos la N135 dirección a Francia. Pasamos Huarte y seguimos hacia Francia y Zubiri, acogedora localidad con un puente gótico medieval del que se dice que puede cuidar la rabia. Nos espera un paisaje precioso.

 

Cogemos la vía N138 que en 7 kilómetros nos conducirá hasta Eugui. Es una muy pequeña villa compuesta por escasas, pero grandes casonas norteñas ubicadas junto al pantano de Eugui, donde embalsan el agua para la comarca de Pamplona desde 1971. Al ser para consumo humano, el baño no está permitido. Este lago artificial asiduamente nos regala el reflejo de Eugui y el monte Quinto Real, 5,900 increíbles hectáreas habitadas por hayas, arces, acebo, boj, jabalíes, zorros, ciervos,... En el inicio del otoño, se puede escuchar la berrea de los ciervos machos.

 

Volvemos a la N135 para pasar los puertos sencillos de Erro (801 m.) y Mezquíriz (922 m.). Atravesaremos Burguete, pueblo jacobeo que mantiene una calle-calzada peregrina e imponentes casonas blasonadas. Llegamos a Orreaga-Roncesvalles, enclave vital en Europa durante varios siglos y un lugar increíble con un inmenso significado histórico para Navarra.

 

De nuevo, retrocedemos, y tomamos la carretera autonómica NA140. Abandonamos Garralda, llegamos a Aribe y, en este punto, tomamos el desvío hacia Orbaiceta, hasta llegar a su bella Fábrica de Armas, acompañados por la impresionante imagen de la Selva de Irati. Sorprende aquello de visitar una fábrica de armas. Al verla, comprendemos por qué es un lugar mágico.

 

De vuelta en Aribe, cogeremos el desvío hacia Villanueva de Aézkoa, en un valle de 925 metros de altitud donde hallaremos sus fámosos hórreos, y la iglesia de San Salvador.

 

Por último, cuidado con las carreteras en invierno: la nieve y el hielo son habituales.

ORREAGA-RONCESVALLES

En Roncesvalles, punto de partida del Camino de Santiago, uno siente la historia y la leyenda que mana de este mítico lugar.

 

Fue un enclave vital en Europa durante la Edad Media. Miles de peregrinos acudían de todas partes. La Chanson de Roland, el cantar de gesta más antiguo de Francia (siglo XI) traspasaba fronteras relatando la historia del legendario héroe, que perdió la vida en aquellos parajes en la batalla en la que Carlomagno fue derrotado por los vascones en el 778.

 

En el 1127, se construyó un hospital en el alto de Ibañeta, pero las nieves y el frío, aconsejaron cinco años después trasladarlo a Roncesvalles. Pronto comenzó a recibir la Colegiata los favores de nobles, peregrinos y monarcas europeos, especialmente los de Sancho VII el Fuerte.

 

La Real Colegiata, de estilo gótico rural francés del siglo XIII y con cinco magníficas vidrieras, está compuesta por tres naves sin crucero, un claustro del XVII y una hermosa sala capitular, también capilla de San Agustín o Preciosa, donde descansan los restos del rey Sancho VII el Fuerte y su esposa. Este mausoleo recoge el tamaño real del rey. No es broma. Un estudio sobre su fémur demostró lo que las crónicas de la época decían: medía 2,25 metros.

 

La Colegiata resguarda también una bella imagen de Nuestra Señora de Roncesvalles, del siglo XIV, cubierta toda de plata, excepto cara y manos. Es sorprendente la expresión de sus rasgados ojos mirando al Niño.

 

En el edificio más antiguo, la Capilla del Sancti Spiritus o Silo de Carlomagno (siglo XII), están enterrados los peregrinos que morían en Roncesvalles y según dicen, los doce pares de Francia muertos en la batalla de Roncesvalles. Cuentan que fue construída sobre la piedra en la que Roldán hundió su espada Durandal tras la derrota.

 

El museo conserva piezas de esmaltería, orfebrería, escultura y pintura, en especial la Sagrada Familia de Luis de Morales, un tríptico flamenco y el Evangeliario de Roncesvalles o el ajedrez de Carlomagno.

 

Además, Roncesvalles se completa con la Capilla de Santiago y la Cruz de los Peregrinos que desde el XVI nos despide cuando abandonamos Roncesvalles.

FÁBRICA DE ORBAICETA

Éste es, sin duda, un enclave especial. La Fábrica de Armas de Orbaiceta hace ya más de un siglo que no está en funcionamiento y la naturaleza ha conquistado muchos de sus espacios. Se funden los matorrales y la vegetación frondosa con la estructura de hierro y piedra, los arcos de su arquitectura con un paisaje más propio de un parque natural que de una actividad industrial. Hay algo de irreal en este lugar y, ante todo, unos rincones que impresionan por su extraña belleza, por su silencio.

 

Se le llamó la Real Fábrica de munición para armamento. Se encuentra en una zona rica en yacimientos de cobre, mercurio, hierro, plata, zinc y plomo. Antiguamente, en este sitio existía una ferrería medieval. Y es que tenemos que remontarnos hasta 1784, cuando el rey Carlos III de España compró esta fundición. Para entonces, ya los recursos minerales se habían agotado, así que se hizo traer los materiales de minas vizcaínas. Esta fábrica se dedicó a construír bombas de artillería y lingotes de hierro. Por su riqueza productiva y la cercanía a la frontera, fue objeto de numerosos ataques, saqueos e incendios hasta que finalmente cesó su actividad en 1873. Abandonada durante años, fue resucitada con unos trabajos de restauración que volvieron a sacar a la luz parte de lo que fue.

 

No es muy frecuente poder visitar una muestra de arquitectura empresarial e industrial de aquellos tiempos y la Fábrica de Orbaiceta nos cuenta mucho acerca de cómo fue la vida cuando a su alrededor aún bullían las voces de sus trabajadores. Observaremos las casas de los obreros alrededor de la plaza y parte del proceso de fabricación de las armas: sus talleres, los depósitos, dos hornos de fundición,... el corazón de la fábrica.

 

Además, está el canal construído para aprovechar la fuerza del río Legarza, un conducto que aún conserva sus sólidos muros y restos de algunas sorprendentes bóvedas que lo conformaron.

 

Y además, desde esta fábrica, parten excursiones para visitar los dómenes y restos romanos de Urkulo y las montañas más próximas, Ortzanzurieta y Mendilaz.

LA SELVA DEL IRATI

Desde siempre la Selva del Irati ha estado ligada al mundo de las leyendas. No es de extrañar. En un paraje tan bello, donde el silencio comparte su espacio con sonidos indescifrables, uno imagina ver al mítico Basajaun, un ser de gran altura y larga cabellera, que se apoya en un palo. Si lo hallamos en nuestro camino, no debemos huír ni enfurecerlo. Si hacemos lo que nos dice, será nuestro inofensivo guía.

 

La Selva del Irati es la mayor mancha forestal de Navarra y la segunda concentración de hayas de Europa. Se halla en una depresión surcada por el río Irati y sus afluentes, con una superficie de bosque de 12.400 hectáreas: de ellas, 6.250 son del monte Irati y 1.800 del monte de la Cuestión. Principalmente, está configurada por hayas y abetos, especies autóctonas. En otoño es fascinante observar los inverosímiles colores que la propia naturaleza crea.

 

Durante mucho tiempo, la Selva del Irati permaneció sin tocar, pero en el siglo XVIII fue objeto de agrias disputas entre Francia y España. Las guerras hicieron que codiciasen la madera para sus flotas navieras y de los abetos surgían los mejores mástiles. En 1856, el Tratado de Límites concedió los terrenos a España y también en este siglo, se otorgó al gobierno la tala gratuita de árboles para la Armada. La explotación se extendió aún más en el siglo XX.

 

Pero de todo esto se libró un cachito de selva virgen en el Monte La Cuestión, 20 hectáreas de bosque inalterado llamado reserva de Lizardoya o el Parque. Los abetos alcanzan alturas de 40 metros y los troncos tienen más de un metro de diámetro. Frondosas copas impiden en ocasiones ver el cielo. Una auténtica delicia.

 

Al norte, el embalse de Irabia es de una extraordinaria belleza. Se puede rodear los 9 kilómetros de este pantano a pie o en bici. También en Irati hay magníficos robledales, como los de Tristuibartea y Aritztoki.

 

Sin perder la pista de los paseos forestales, podremos sentir la vida en la selva: pinzones, petirrojos, jabalíes, zorros. Caminando en silencio uno puede incluso encontrarse corzos y ciervos.

Ruta RIBERA

LAS BARDENAS

Si Navarra es tierra de contrastes, las Bardenas son su extremo más radical. Un desierto en pleno norte peninsular, un cachito del Sáhara cambiante por la erosión que nos hace imaginar pistoleros del Lejano Oriente enfrentándose al bandido forastero. Las Bardenas, territorio histórico de paso de cañadas, seguro nos ha de impactar. Tiene una fortísima erosión que consigue caprichosos y cambiantes cabezos, cerros y barrancos, acentuados aún más por los cierzos invernales, las lluvias torrenciales y el bochorno veraniego.

 

Las Bardenas, surcadas por sendas polvorientas, nos sugieren adentrarnos en ellas con un buen mapa de la zona bardenera o con alguien que conozca bien el lugar.

 

Están diferenciadas en cuatro zonas muy sugerentes.

 

Las Bardenas son 415 kilómetros cuadrados de espectaculares paisajes entre los ríos Aragón y Ebro. En el centro, las Bardenas Blancas se llaman así por la cantidad de elementos salinos y yesos que hay en el lugar. En el sur toparemos con la Bardena Negra, más parecida a los Monegros aragoneses, compuesta por arcillas rojas y calizas. El norte está ocupado por la Meseta de El Plano y el embalse del Ferial, repleto de variadísimas especies de aves acuáticas. El este está ocupado por la Bardena Verde, zona de estepa que ha sido recientemente recuperada como regadío. Si queremos un buen mirador, podemos elegir entre la Virgen del Yugo, el Alto de Aguilares, El Paso y el Santuario de Sancho Abarca.

 

La actividad principal de esta zona fue el pastoreo de rebaños que desde Roncal, Salazar o pueblos próximos, año tras año, emprendían una trashumancia obligada hasta este mágico lugar. Han quedado huellas en forma de sendas, corralizas y balsas. Pero no sólo hubo animales en las Bardenas. Contó en algún tiempo con varios castillos de los cuales hoy apenas se conservan cuatro ruinas como las del Castillo de Peñaflor.

 

Un consejo: evitemos las Bardenas en verano. Se alcanzan temperaturas superiores a los 37º. Cuando llueve fuertemente, tampoco es aconsejable, ya que el lodo nos puede ocasionar problemas.

MONASTERIO DE LA OLIVA

La Oliva, importante muestra de la aquitectura cisterciense, es un conjunto monumental fundado en el siglo XII.

 

Obtuvo el favor y apoyo del Papado, la nobleza y monarquía navarra y logró, a mitad del siglo XII, ser uno de los monasterios más poderosos de Navarra gracias a sus tierras y extensa biblioteca. Más adelante, llegaron los problemas políticos y la desamortización de 1835 sumió al monasterio en la ruina y el abandono. Tenemos que esperar hasta 1927 para verlo habitado de nuevo por monjes que comenzaron la reconstrucción.

 

La majestuosa fachada principal nos abre las puertas a un lugar mágico. La iglesia de Santa María, con una parte románica y otra gótica, fue sufragada por Sancho VI el Sabio y su hijo Sancho VII el Fuerte. Fue construída en piedra sillar entre los siglos XII y XIII. Consta de tres naves. La austeridad cisterciense se aprecia en la sencilla decoración del templo, que apenas se ciñe a motivos vegetales, animales y fantásticos y algunas claves en las bóvedas. Cuenta con una sala capitular que integraba el primitivo claustro del siglo XII y que es una bonita expresión de obra protogótica.

 

Desde la iglesia, podemos acceder a un hermoso claustro gótico del siglo XIV donde uno no siente pasar el tiempo. Sus galerías están cubiertas por bóvedas de crucería, con nervios curvos unidos por claves decoradas. Adosado también a la iglesia, se encuentra el palacio abacial, edificado en el XVI y reformado en el XVIII.

 

Frente al ábside de la iglesia y en un lugar hoy utilizado como huerta del monasterio, hallamos la capilla de San Jesucristo, la parte más antigua de todo el monasterio.

 

Debemos probar los productos artesanales del monasterio (hortalizas exquisitas, vinos tintos, blancos y rosados y un suave queso de vaca) y, si tenemos ocasión, alojarnos en la hospedería para compartir, al menos unos días, el estilo de vida de los monjes.

 

Un día excelente para acudir a la Oliva, es cuando termina la Semana Santa y se celebra el Triduo Pascual. Se une la solemne ceremonia con el sentimiento del canto gregoriano.

PEÑALÉN

Peñalén impresiona. De pronto hay suelo, de pronto no. La roca se corta tajantemente y, ya en el vació, crea el Barranco del Rey. Peñalén aún impacta más cuando descubrimos que por ese barranco, en el año 1076, fue despeñado el rey Sancho IV empujado por sus propios hermanos, Ermesenda y Ramón. Historia de odios, rencores y ambiciones y el deseo de una muerte segura. Si no lo creen, comprueben la altura desde la que fue lanzado el rey.

 

Peñalén está en el término municipal de Funes. No siempre ha sido únicamente un barranco. Existió una villa denominada Peñalén ya en el 1084 y más tarde, en el siglo XIV, se llamó Villanueva, aunque finalmente desapareció. Parece ser que una crecida del río Arga arrasó la villa y decidieron reedificarla lejos del río. Más adelante, hacia 1400, se extinguió totalmente.

 

Peñalén asiste impertérrito a la unión de dos ríos, el Arga y el Aragón, que se funden bajo la mirada atenta de Funes y Milagro. Las aguas del río Arga se mezclan con las del Aragón y no tendrán que recorrer muchos kilómetros más hasta enlazarse definitivamente, muy cerca de Milagro, con el gran río Ebro.

 

Desde este promontorio compuesto por yesos y arcillas, se aprecia un paisaje arrebatador: la confluencia de los dos ríos rodeados de tierras de cultivos de cereales y viñedos con zona de huertas. Los ríos erosionan los yesos y arcillas y estos materiales caen en bloque a modo de placas verticales formando acantilados como Peñalén. En terrenos cercanos, existen también otros desniveles menores.

 

Podemos sentir el olor a tomillo, romero y los matorrales más cercanos, en este entorno algo árido, algo hostil. Se percibe su clima, seco y cálido. Por otra parte, es bastante habitual encontrarse por los alrededores de Peñalén con un rebaño de ovejas.

 

Es bueno conocer que Peñalén cuenta con una ruta circular de 13 km convenientemente señalizada que se puede realizar tanto a pie como en bicicleta y que las gentes de los alrededores frecuentan. Eso sí, en verano, el sol castiga. Les recomendamos ir en otras fechas.

TUDELA

La capital de la Ribera es conocida por su huerta y la convivencia histórica de distintas culturas. Fue el muladí Amrus Ibn Yusuf el que convirtió a Tudela en un importante núcleo urbano. Los musulmanes estuvieron en Tudela desde el siglo IX hasta el XII. Tras la reconquista en el 1119, el rey Alfonso el Batallador buscó la cohexistencia de las tres culturas monoteístas asentadas en Tudela. Durante cuatro siglos lo consiguieron. Los judíos eran doctos en joyería, peletería, medicina y préstamo mercantil y los musulmanes, en agricultura, carpintería y albañilería. Vivieron en paz y la prueba es que de Tudela salieron grandes hombres en las letras, matemáticas y medicina. Todo terminó cuando los judíos fueron expulsados en 1.498 y los musulmanes en 1516.

 

La mezcla de culturas se deja sentir en el Casco Antiguo. La vida bulle alrededor de la Plaza de los Fueros. Cuatro fachadas repletas de balcones y cerámicas con escudos y escenas taurinas, nos evocan aquellos tiempos (desde 1700 hasta 1842) en los que era utilizada para celebrar corridas de toros. En el centro, un kiosko: la curiosa Casa del Reloj.

 

Desde aquí, vamos a la Catedral de Tudela, que se levantó en el 1180 sobre los restos que aún se conservan de la antigua mezquita mayor. De estilo gótico, la catedral acoge un bonito claustro románico, así como la románica Portada del Juicio. La Catedral tiene como peculiaridad un buen número de capillas. Su elevada torre es emblema de la ciudad.

 

En las cercanías del templo, visitaremos históricos edificios civiles como el Palacio del Deán, con su fachada plateresca, el Palacio del Marqués de Huarte, barroco del XVIII con una impresionante escalera y bóvedas, la Casa de los Condes de Heredia-Spinola y la Casa del Almirante, plateresco caserío señorial navarro. Dirección hacia el puente sobre el Ebro, en la calle Portal, encontraremos el Palacio del Marqués de San Adrián, con su elaborado alero y patio renacentista y la preciosa Iglesia de la Magdalena, el monumento más antiguo de Tudela.

 

El Sagrado Corazón observa Tudela. En las orillas del Ebro, crecen verduras excelentes: alcachofas, pimientos, cogollos, espárragos, cardos, guisantes, alubias, borraja, ... Eso sin olvidar los vinos. ¡A disfrutarlo!

Ruta TIERRA ESTELLA

TIERRA ESTELLA: Monasterio de Irantzu- Nacedero del Urederra-Estella-Puente la Reina-Obanos-Ermita de Eunate

Tierra Estella es símbolo de localidades históricas, vinos exquisitos y la armonía de las sierras de Urbasa y Andía, con una peculiaridad: ambas sierras son de propiedad comunal, es decir, cualquier navarro puede hacer uso gratuíto de ellas. Si uno lo solicita, recibe el lote de leña que le pertenece.

 

Salimos por la carretera de Logroño, la N111, que atraviesa el puerto del Perdón y sus molinos. Cruzamos Puente la Reina y llegamos a Estella, que bordeamos, hasta alcanzar un cruce en el que giraremos hacia el centro de la ciudad, Vitoria y San Sebastián. A la salida de Estella, tomaremos la carretera NA-120 a San Sebastián por Etxarri-Aranaz y ya en Abárzuza, tomamos una vía que en 4 kilómetros nos llevará al Monasterio de Irantzu.

 

En medio de un hermoso cañón horadado por el río, el monasterio, aunque benedictino de orígen, en el siglo XII cobró gran importancia con la orden cisterciense. Hoy admiramos su iglesia de tres naves y bóveda de crucería, el claustro gótico, la sala capitular y la cocina.

 

Ya de regreso, nada más pasar Abárzuza, cogemos a la derecha una pequeña carretera sin señalizar, que nos dejará en 10 kilómetros en la ruta de Olazagutía. Atentos, tomamos el desvío hacia Baquedano, donde en lo alto del pueblo, cogemos una pista que en medio kilómetro nos dejará en una campa. Ya a pie, iniciamos un camino alucinante de unos 45 minutos hasta el nacedero del Urederra: cascadas y pozas espectaculares, pendientes rocosas y un variado bosque (hayas, fresnos, tilos, arces, avellanos, encinas) que envuelve al agua que el karst calizo de Urbasa absorvió y ahora libera. El agua impacta no sólo por su belleza (Urederra significa agua preciosa en euskera), sino porque ¡está helada!.

 

De vuelta, alcanzamos Estella, hermosa ciudad monumental que merece la pena visitar, al igual que Puente la Reina.

 

Y apenas dejamos Puente, tomamos el desvío a Obanos y a la entrañable ermita de Santa María de Eunate, de planta octogonal y evocador atrio porticado.

 

Aconsejamos regresar hasta la carretera de Puente o ir por Muruzabal y Uterga, hasta la N111.

LA ERMITA DE EUNATE

Eunate, ermita hermosa donde las haya, luce con sencillez y encanto su planta octogonal y una preciosa galería arcada o claustro exterior.

 

Rodeada por un paisaje llano y tranquilizador, cubierto de campos de cultivo, cereal y viñedos, Eunate suma leyendas. Y es que la confusión reina sobre su origen. Aunque parece ser que fue construída por nobles de Valdizarbe tras una peregrinación a Jerusalén, se dice que perteneció a los templarios o que fue iglesia-faro, con un fuego siempre vivo que orientaba a los peregrinos a los que les había caído la noche encima.

 

Situada en pleno Camino de Santiago, Eunate ha sido lugar de acogida y hospital para los peregrinos, e incluso muchos, exhaustos, fueron enterrados ahí.

 

Este templo es un capricho del románico del siglo XIII. En su portada, ábside y capiteles, aguardan desafiantes, rostros misteriosos y fieras monstruosas. En su peculiar estructura octogonal, descubrimos los símbolos de los principales canteros del momento. Además, no debemos perder detalle del maravilloso atrio exterior porticado y sus variados capiteles.

 

Eunate significa cien puertas en euskera (eun-ate) y biennacido en latín (eu-nato). Sea como sea, atravesamos las puertas de la ermita y encontramos un bonito interior y una bóveda de nervios cuadrangulares que evoca la arquitectura árabe.

 

A Eunate se acude en romería para pedir bonanza, agua y erradicación de las plagas, pero aparte, otros muchos lo visitan por motivos esotéricos, ya que a Eunate le atribuyen ese poder.

 

Muy cerca de Eunate, está Obanos, una bella localidad, sede en el siglo XII de la orden de los Infanzones, nobles que combatían posibles abusos cometidos por los reyes. Todos los veranos, los vecinos de Obanos se entregan a la representación del Misterio de Obanos. Un acto que cuenta la tragedia de San Guillén y Santa Felicia, un joven duque aquitano que no pudo soportar que su noble hermana quisiera dedicarse a cuidar de los pobres y la mató. Arrepentido, el duque se retiró a la cercana ermita de Arnotegui. Es una muy cuidada representación que se desarrolla en la histórica y ambientada plaza de Obanos.

ESTELLA: LA CIUDAD DEL EGA

Estella desborda historia. Cada rincón, edificio o iglesia de esta ciudad monumental reúne arte.

 

Fue construída en el 1090 por el rey Sancho Ramírez sobre el poblado vascón de Lizarra para ayudar a los peregrinos. Así, la antigua Lizarra inició un importante desarrollo en plena ruta compostelana. Los francos llegaron y, entre los vecinos, se asentó un importante número de judíos que convirtieron a Estella en un gran centro de la judería. Heredó una gran actividad comercial, premiada geográficamente al unir la Montaña y la Ribera.

 

En el siglo XIX, Estella, gran baluarte de las tesis carlistas, fue nombrada capital del Estado Carlista y tuvo hasta ministros y código penal propio.

 

Ante la inevitable selección de sus obras de arte, comenzamos por la plaza de San Martín. En ella, el Palacio de los Reyes de Navarra, del siglo XII y ejemplo único del románico civil en Navarra, es hoy Museo Gustavo de Maeztu.

 

El Juzgado Comarcal, del siglo XVIII, se encuentra junto a la escalinata. Subiéndola, vemos la iglesia San Pedro de la Rúa, cisterciense del siglo XII, con una hermosa portada y claustro románico.

 

En la calle de la Rúa nos esperan el palacio plateresco Fray Diego de Estella (hoy Casa de Cultura), el Palacio del Gobernador y el sencillo Puente de la Cárcel o San Agustín.

 

La iglesia Gótica del Santo Sepulcro, el convento gótico de Santo Domingo y la iglesia románica de Santa María Jus del Castillo, también nos aguardan.

 

Y aún nos quedan lugares maravillosos como la iglesia de San Martín, la plaza de los Fueros y la de Santiago, donde todos los jueves se celebra un mercado de gran relevancia artesana: cerámica, telas, forja, piel, madera,...

 

Es necesario mencionar la iglesia de San Juan, el Convento de Recoletas, la basílica de la Virgen del Puy, del siglo XX, el convento de Santa Clara y la iglesia Nuestra Señora de Rocamador.

 

Además, podremos disfrutar de un gorrín asado y tres denominaciones de origen: queso Idiazábal, pimiento del piquillo de Lodosa y vinos adscritos a la denominación de origen de Navarra. Muchas de las bodegas abren sus puertas al visitante.

PUENTE LA REINA/GARÉS

“Y desde aquí todos los caminos a Santiago se hacen uno solo”. Así reza el Monumento al Peregrino que nos da la bienvenida. Y no miente: Puente la Reina une las rutas de quienes cruzaban los Pirineos por Somport y los de Valcarlos.

 

Puente la Reina debe su nombre a un magnífico puente románico de piedra anterior a la villa. Cuentan que había sido encargado por una reina; otros aseguran que no era Regina la palabra original, sino Runa, como antiguamente se conocía al río Arga.

 

Este bello puente se edificó en la primera mitad del siglo XI para facilitar el paso de los peregrinos. Hoy, presume de seis ojos de medio punto de distinta abertura, uno más bajo tierra. Unos arquillos horadados en la piedra permiten el paso del agua cuando el río va crecido. Además, lo adorna la bonita leyenda de el Txori, un pajarillo que lavaba el rostro de la Virgen con el agua del río que transportaba en su pico.

 

Puente la Reina, cruce vital de caminos y gente, pronto se enriqueció económica y culturalmente. Muestra de ello es la iglesia del Crucifijo tardorrománica construida por los templarios a mitad del siglo XII, que acoge la Virgen con Niño del siglo XII y un bellísimo Crucificado gótico, proveniente de Alemania, llamativo por la forma de Y que tiene su cruz.

 

La calle Mayor es calle y arte a la vez: arquitectura popular con casas blasonadas, palacios, comercios de artesanos,...

 

La iglesia de Santiago el Mayor, de final del siglo XII y reconstruida en el XV, muestra su portada romana y las tallas góticas de San Bartolomé y de Santiago Beltza, denominado así por el color oscuro que tenía antes de que se restaurara.

 

Tras pasar por la entrañable Plaza Mayor, cerca del puente, está la iglesia de San Pedro y el convento de Comendadoras de Sancti Spiritus.

 

Gastronómicamente, la mesa está servida con alubias blancas o rojas, asado de cerdo o cordero, en época de caza, codorniz, liebre o perdiz y vinos excelentes de Valdizarbe.

Ruta VALLES DE RONCAL Y SALAZAR

VALLES DE RONCAL Y SALAZAR

En estos valles habitan paisajes escarpados envueltos en niebla y nieve, cumbres que superan los 2.000 metros acompañados de un verdor embriagador, bosques enmarañados y el agua de sus ríos. En Roncal y Salazar, el hombre ha pedido permiso a la naturaleza para vivir con ella. La villa pirenaica surge de casonas de piedra, tejados curvos inclinados a dos o cuatro aguas, entramados de marcos y vigas de madera, calles empedradas,...

 

Lo que nos depara esta parte de Navarra, merece la pena. Salimos de Pamplona, camino de Zaragoza y tomamos en el km 6,8 la N240 dirección Huesca-Jaca. Disfrutaremos de la Higa de Monreal, el puerto de Loiti, la Foz de Lumbier y el pantano de Yesa. Ya en tierras aragonesas, debemos tomar el desvío de la NA 137 por Salvatierra de Esca. Es un tramo estrecho y con curvas que mejora al llegar a Roncal. Llegamos a Burgui, una deliciosa villa pirenaica, caracterizada por su bello puente medieval que aún conserva los arcos originales y que ve anualmente, el día de las almadías, pasar a los almadieros en recuerdo a lo que ha sido su vida hasta hace apenas unas décadas. La iglesia de San Pedro guarda el viejo órgano del Monasterio de Leire.

 

Seguimos camino hacia Roncal, localidad que cuenta entre sus honores ser la cuna del gran tenor Julián Gayarre, la belleza del pueblo y la riqueza de un queso magnífico.

 

Cuatro kilómetros más adelante, está Isaba, municipio muy animado. Próxima a las pistas de esquí de fondo y las de alpino francesas, Isaba siempre tiene a gente recorriendo sus bonitas calles. Además, muy cerca, todos los años se celebra el Tributo de las Tres Vacas.

 

Emprendemos la NA 140 que atravesará el puerto de Laza y nos conducirá hasta Ochagavía. Donde podremos dar una vuelta y también conocer su Centro de Interpretación de la Naturaleza.

 

Para el regreso, podemos coger la NA 178, hacia Navascués y continuar hasta Lumbier ya por buena carretera aunque con abundantes curvas en el puerto de Iso, para salir a la N240 que directamente nos lleva hasta Pamplona.

RONCAL

Roncal vive encaramado a la montaña. Sus casas blasonadas se aferran a las calles estrechas y empedradas, coronadas por la ermita de Nuestra Señora del Castillo. Desde este lugar, tenemos una bonita vista de Roncal sobre el río Esca.

 

En este pueblo pirenaico, los tejados de teja curva y varias aguas, coronan casas en ocasiones señoriales del siglo XVII y XVIII, sin olvidar la iglesia de San Esteban, del XVI. Parece un escenario creado para una historia medieval. Cada uno de sus rincones tiene un encanto especial. Se respira la vida enlazada con el pastoreo y el bosque y la amabilidad y sencillez de sus gentes.

 

Al margen de un obligado paseo por sus calles y el barrio del Castillo, en Roncal tenemos que conocer la historia del gran tenor universal Julián Gayarre. Gayarre (1844-1890) fue pastor de ovejas de joven. Logró estudiar música en Pamplona, Madrid e Italia y conquistó los mejores escenarios de ópera del mundo. Su recuerdo ha quedado grabado en multitud de documentos de la época que elogiaban la magnífica voz de Gayarre e incluso compositores como Wagner o Gounod ensalzaron su canto. Es una verdadera lástima que no existan registros de su voz para escucharle hoy en día. Sí podremos admirar el mausoleo de Gayarre, realizado por Benlliure que está en el cementerio, a 600 metros de la localidad. Gayarre murió de una grave afección de la laringe que le impidió en sus últimos años cantar como este gran artista sabía. En su Casa-Museo descubriremos parte de su vida a través de objetos y recuerdos personales del tenor.

 

Por otra parte, Roncal, lugar tan indisolublemente unido a la naturaleza, debía contar con un Centro de Interpretación. Está a la salida de esta población y nos ayudará a comprender el magnífico paisaje que nos rodea.

 

Y no olvidemos probar el queso de Roncal, hecho con leche de oveja rasa, alimentada con pastos pirenaicos, bien curado y con un sabor fuerte, obtenido tras un proceso de elaboración muy delicado. Eso sí, con la calidad del sello de Denominación de Origen del Roncal. En el camino, muchos lugares venden este sabroso queso.

ISABA

Isaba es la localidad más septentrional del Valle de Roncal. Bajo la peña de Ezkaurre, nace en la confluencia de los ríos Belagua y Ustarroz. De ella parte la carretera de Belagua que cruza el impresionante valle de origen glaciar donde se practican deportes de invierno como el esquí de fondo o, ya en la estación francesa de Arette, esquí alpino. Por ello, Isaba ofrece al visitante multitud de servicios turísticos, aparte de la belleza de la villa con hermosas casas blasonadas y arcos góticos y rústicos puentes. Destaca la iglesia de San Cipriano, del siglo XVI, con un aire de fortaleza y curioso tejado rojizo. Tiene un bonito retablo mayor de estilo plateresco, un hermoso órgano barroco de 1751 y una talla de la Virgen de Idoya con el Niño. Esta Virgen también cuenta con una ermita a las afueras, mágnífico monumento renacentista.

 

Desde los miradores próximos se admira un paisaje espectacular, protagonizado por cumbres que superan los 2.000 metros, como el Anie, la Mesa de los Tres Reyes, el Txamantxoia, el Lakartxela,... o el espectacular macizo kárstico de Larra.

 

Una bonita perspectiva se obtiene desde la famosa Venta de Juan Pito. Muy cerca, junto al mojón fronterizo 262 de la Piedra de San Martín, se celebra todos los 13 de julio el Tributo de las Tres Vacas. En 1375, una sentencia quiso poner fin a eternas disputas entre los valles por el aprovechamiento del agua y de los pastos. Lo que fue el pago de este impuesto, es hoy un bonito rito. A un lado de la frontera se sitúan los alcaldes roncaleses vestidos tradicionalmente: sombrero, capote y valona. En el otro lado, los alcaldes de Baretous ataviados con la indumentaria típica francesa y la banda tricolor de la República cruzando el pecho. El alcalde de Isaba pregunta tres veces a los franceses si van a pagar el tributo de las tres vacas “de igual dentaje y pelaje” a cambio del uso del agua y los pastos 28 días al año. Los franceses contestan que sí y el de Isaba promete paz en adelante. Incluso un veterinario inspecciona la salud de las reses.

OCHAGAVÍA

Muchos han dicho de ella que es una de las villas más bonitas de Navarra. Asentada bajo la colina de Muskilda, Ochagavía nace en el lugar donde los ríos Anduña y Zatoya se unen, creando el río Salazar. El caserío de Ochagavía, de estilo pirenaico, se arremolina en torno al río Anduña y los cuatro puentes de piedra que separan las dos partes del municipio. Dos puentes más cruzan el río Zatoya que abraza a la localidad.

 

Sus calles preciosas, de cantos rodados, son muy estrechas debido al frío clima que soporta el valle de Salazar en invierno. En Ochagavía aprecian y cuidan sus casas de piedra, respetan la madera y la teja plana vieja con la que construyen los tejados y sus aleros salientes. Muchas casas, algunas palacianas góticas, renacentistas y barrocas, tienen incluso nombre propio.

 

Envuelta en un paisaje que enamora, es la localidad más poblada del Valle de Salazar. Centro de la economía del valle, en sus plazas se celebran mercados ganaderos y ferias. Pero no sólo se dedican a actividades ganaderas y forestales, sino también al turismo, ya que las características del lugar permiten realizar deportes de invierno y excursiones en verano.

 

Nada más entrar a Ochagavía, hay un bonito crucero plateresco. Una empinada cuesta nos conducirá hasta la iglesia de San Juan Evangelista, con un retablo renacentista merecedor de la visita. Es obra del discípulo de Anchieta, Miguel Espinal.

 

En las proximidades de Ochagavía existen lugares increíbles que los habitantes de esta localidad aconsejan vivamente. A un paso, la Selva de Irati. A otro paso, en un desvío de la carretera que une Isaba con Ochagavía, la ermita de la Virgen de Muskilda. Sin apenas decoración, es un claro ejemplo de construcción románica. Todos los 8 de Septiembre, los salacencos suben a ella en romería. Ocho danzantes locales ataviados vistosamente con cascabeles, cintas multicolor y gorros cónicos bailan danzas propias de la tierra: cuatro números de paloteo, uno con pañuelos, una jota tradicional y un pasacalles con castañuelas. Están acompañados por gaiteros y por un personaje apodado el “bobo” que danza cubierto por una máscara de doble rostro.

Ruta ZONA MEDIA ESTE

ZONA MEDIA ESTE: Sangüesa-Sos del Rey Católico- Javier-Yesa-Monasterio de Leire

Dejamos Pamplona por la carretera Zaragoza-Madrid hasta el Km 6,8 donde emprendemos ruta hacia Huesca y Jaca. Nos dirigimos a la zona que constituye la mayor concentración en Navarra de espacios calificados por Europa como Reservas Naturales. En este lugar, se mezcla la Naturaleza con el sello histórico, monumental y arquitectónico de la mano del Hombre, que se siente en sus pueblos y, como no, en el Pantano de Yesa o Mar de los Pirineos.

 

Dejaremos atrás la Higa de Monreal y, a partir de ese momento, no debemos perdernos el margen izquierdo de la ruta: la impresionante naturaleza agreste, radical, de la Foz de Lumbier y los valles que lo rodean, la garganta dibujada por el río Irati, el verdor salvaje en contraste con la piedra caliza grisácea y al fondo, en los días claros de invierno, el esplendor del Pirineo Aragonés y sus picos nevados.

 

Continuamos hacia Liédena donde nos desviamos por la carretera NA 127 hacia la monumental ciudad de Sangüesa, localidad que da nombre a la merindad y que es un lujo de edificios históricos.

 

En este punto, cruzaremos las fronteras que durante muchos siglos fueron motivo de enfrentamientos entre los Reinos de Navarra y Aragón. Sos del Rey Católico, lugar que fue por última vez navarro en el siglo XII, lo merece todo: calles estrechas, recuerdos medievales, murallas, su castillo, su hermosa casa consistorial renacentista y su no menos bonita iglesia románica de San Esteban. No todos los días se puede pasear por el lugar que vió nacer al rey Fernando el Católico.

 

Regresamos por la carretera NA 127, algo tortuosa, hasta Sangüesa para tomar el desvío que marca a Javier. Apenas 8 Km. para encontrarnos con el Castillo, cuna de San Francisco Javier, patrón de Navarra y que mueve a miles de navarros todos los años en peregrinación en las tradicionales javieradas.

 

Visitado el Castillo de Javier, nos dirigimos a Yesa y tomamos la ruta que nos lleva hasta el Monasterio de Leire, enmarcado en la Sierra de Leire, entre bosques, carrascales y quejigales, dominando la extensión del Pantano de Yesa. Seguro que no nos deja indiferentes.

SANGÜESA

Sangüesa la Vieylla estuvo emplazada en lo alto de una colina conocida por Rocaforte. Nació para proteger a Pamplona de las invasiones musulmanas y más tarde, sirvió como fortaleza para defendernos del Reino de Aragón. En el año 1121, Alfonso el Batallador trasladó la ciudad hasta su emplazamiento actual, un lugar de paso continuo y unión de cuatro calzadas romanas: las provenientes de Zaragoza, Jaca, Pamplona y Dax. Además, Sangüesa está en pleno Camino de Santiago.

 

Con un cometido defensivo tan importante, Sangüesa pronto comenzó a gozar de privilegios reales que le permitieron hacerse con un patrimonio artístico, tanto religioso como civil, que se palpa a cada paso.

 

Quizá su joya más valiosa sea la iglesia de Santa María la Real, declarada monumento nacional, y en especial el conjunto escultórico de su bellísima portada con columnas estatua y delicada iconografía. Aún así, no podemos olvidar su torre octogonal gótica, los tres ábsides de la cabecera, del siglo XIII, el retablo mayor plateresco con la talla gótica de la Virgen de Rocamador y una custodia procesional gótica.

 

Si seguimos por la calle Mayor, toparemos con el Palacio de los Duques de Granada, del siglo XV y el Palacio de los Condes de Guenduláin, del XVII. En la calle Alfonso el Batallador, encontraremos el Palacio de Vallesantoro, su hermosa fachada churrigueresca del siglo XVII y un monumental alero de madera tallada que hoy alberga a la Casa de Cultura.

 

Si continuamos esta calle alcanzaremos la iglesia gótica de San Salvador y su portada, imagen del Juicio Final. Además, no deben abandonar Sangüesa sin ver la Casa Consistorial y su fachada renacentista. Este edificio es una ampliación del Palacio fortaleza Príncipe de Viana, lugar en el que este príncipe habitó cuando Sangüesa fue Corte de los Reyes de Navarra. El Palacio aún cuenta con dos torres almenadas y un foso interior.

 

Visitaremos también la iglesia de Santiago, entre el románico y el gótico, y cuyo entarimado escondía una colosal estatua de piedra del Apóstol Santiago descubierta en 1965.

 

Además, debemos mencionar el Convento de San Francisco de Asís y el de Nuestra Señora del Carmen. Este convento, además de acoger una bonita iglesia y claustro gótico, cuenta con un peculiar museo: relojes antiguos de torre desde 1546 hasta nuestros días.

CASTILLO DE JAVIER

San Francisco Javier, patrón de Navarra, reúne todos los años en el mes de marzo a miles de navarros que no faltan a la Javierada (algunos llevan haciéndolo casi 40 años). Desde toda la geografía foral, acuden en peregrinación hasta Sangüesa. A la mañana siguiente, la masiva corte de peregrinos recorren en Vía Crucis los ocho kilómetros que separan Sangüesa de Javier, lugar que vió nacer al santo en 1506, un infatigable misionero que recorrió tierras tan lejanas como las japonesas.

 

El Castillo se construyó en el siglo X a partir de una torre creada para vigilar la frontera sobre una roca desde la que se divisaba el valle del Aragón. En 1223, Sancho VII el Fuerte recibió esta fortaleza del infante de Aragón como garantía de un préstamo de 9.000 sueldos. Esta cantidad no fue devuelta y el castillo quedó para Navarra.

 

En torno a esa torre, los dueños del castillo fueron construyendo recintos defensivos hasta convertirlo en un castillo. La torre del Homenaje está dedicada a San Miguel, por ello también se la conoce como la torre de San Miguel o la Torraza.

 

Ahora del Castillo encontramos una restauración del siglo XIX, ya que el cardenal Cisneros obligó a demoler el castillo casi en su totalidad tras la anexión de Navarra a Castilla. Cisneros mandó arrasar los muros exteriores, desmochar las torres, cegar los fosos e inutilizar las saeteras. Después de esta destrucción, el castillo ha sido objeto de continuas restauraciones.

 

Este edificio está formado por fuertes torres almenadas y adosada a su muro, se alza la basílica, lugar donde se halla la pila en la que fue bautizado San Francisco Javier. Podemos recorrer las dependencias del castillo con los guías, ya que ellos nos contarán los recuerdos de la vida del santo en estas dependencias. Nos hablarán de la imagen del Cristo de la sonrisa, construída en madera de nogal y que preside una capilla con pinturas murales sobre la Danza de la Muerte, en la que esqueletos amarillos se dibujan sobre el fondo negro, y nos contarán los secretos que esconden estos, ya de por sí, impresionantes muros.

MONASTERIO DE LEIRE

El Monasterio de San Salvador de Leire goza del esplendor de su salvaje Sierra, con su cornisa recortada de rojizas e imposibles peñas y bosques y, bajo su mirar, el Pantano de Yesa, imponente con su presa de 74 metros de altura y 411 de longitud y sus aguas azules.

 

En este paisaje, encontramos el Monasterio, impregnado de historia, belleza y leyendas, como la de San Virila, abad del monasterio que extasiado por el canto de un ave, se detuvo un instante frente a una fuente a escucharlo. Cuando regresó, descubrió atónito que habían pasado 300 años.

 

Ya desde el año 848, sabemos que existe el monasterio. En sus primeros siglos, fue el gran centro religioso y cultural del reino de Pamplona y lugar elegido por los reyes para descansar eternamente. Aún hoy, el 3 de Diciembre se conmemora solemnemente en este lugar el día de Navarra y de San Francisco Javier.

 

Leire es una de las primeras construcciones románicas de la Península. Cuando uno pasea por su interior, imagina la vida de los clérigos entre sus muros. Por él pasaron monjes benedictinos y cistercienses tras 75 años de disputas entre ellos. La vida monástica desaparició en 1836 con la desamortización de Mendizábal, y los monjes no regresaron, en este caso benedictinos, hasta 1954.

 

Leire está compuesto por la cripta, los ábsides, tres naves románicas y la esbelta torre cuadrangular.La cripta es un tesoro: un recinto primitivo y arcaico, sembrado de robustas columnas enmarcadas por enormes y desiguales capiteles con una rústica ornamentación del siglo XI. La sobriedad marca cada partícula de este lugar. Ya en la iglesia, la gran nave gótica apenas recurre a la decoración. Fijémonos en la talla del Cristo en la Cruz, que no es otro que San Salvador de Leire. Tras una preciosa reja gótica, encontraremos la arqueta neogótica que guarda los restos de los monarcas más antiguos.

 

Podemos observar un bello retablo que relata el martirio que sufrieron las santas Nunilo y Alodia en manos de los musulmanes.

 

Ya en el exterior, nos fijaremos en La Porta Speciosa, entrada principal a la Iglesia y muestra del románico del siglo XII, que reúne belleza en cada uno de los detalles de su abundante decoración.

Ruta ZONA MEDIA

ZONA MEDIA: Mendigorría-Artajona-Olite-San Martín de Unx-Parque de Guerinda-Ujué

Zona media... Ni es Norte, ni es Ribera. Es la fuerza de la unión de los contrastes, de la riña de dos hermanos opuestos que se reunen al fin. Los bosques del norte desaparecen y en su lugar, reinan los campos de cultivo y viñedos. Las montañas quedan suavizadas siempre rodeadas por llanuras; las zonas desérticas quedan estampadas por matorrales y un arbolado disperso.

 

Para iniciar esta ruta, dejamos Pamplona por la Nacional 111 dirección Estella-Logroño hasta alcanzar Puente la Reina. Tomamos la carretera NA 6030 hacia Tafalla, topamos con Mendigorría y con las ruinas de Andelos, recuerdos de una villa romana que nos cuenta su historia. Siguiendo la misma vía, llegaremos hasta Artajona donde se encuentra el imponente cerco amurallado de esta localidad y la ruta de los dólmenes.

 

Continuamos hasta alcanzar Tafalla, capital de la Zona Media, y tomamos la N121 hacia la ciudad medieval de Olite, visita indispensable. La comarcal NA 5300 nos lleva hasta San Martín de Unx: casas blasonadas, restos de muralla y edificios emblemáticos. La Iglesia de San Martín llama la atención por su desnudez y sencillez, sus dos portadas y la cripta (a la que se accede a través de una escalera de caracol). No nos perderemos la Iglesia-Fortaleza gótica de Santa María del Pópolo y la ermita de San Miguel. Después emprenderemos la más que tortuosa NA 5310 que nos llevará hasta Ujué, pueblo más cercano a las leyendas que a la realidad. Calles estrechas, empedradas, rincones imposibles, vista espectacular,...

 

Si queremos regresar de golpe al siglo XXI, nuestro destino es el Parque Eólico de Guerinda, uno de los más grandes de Europa. ¡Qué diría Don Quijote! Los más avanzados aereogeneradores, tan altos como edificios de dieciocho plantas, se funden con una espectacular panorámica de los Pirineos. Navarra es la tercera potencia europea en creación de esta energía renovable después de Alemania y Dinamarca, y este parque es buena prueba de ello. Para llegar a ellos, debemos deshacer los kilómetros que nos separan de la carretera de San Martín de Unx e ir dirección Lerga y desviarnos luego hacia Olleta.

ARTAJONA: Ruta de los dólmenes y el Cerco de Artajona

Si queremos sumergirnos de lleno en la Edad Media, ésta es una buena oportunidad. El Cerco de Artajona, construído en el siglo XI, con su recinto amurallado y sus doce torreones cuadrangulares perfectamente alineados nos ofrecen el ambiente soñado. Dan una imagen señorial a unas murallas coronadas por una iglesia. Es la iglesia-fortaleza de San Saturnino, imponente, sólida y sencilla, edificada en el siglo XIII, sobre las ruinas de un templo románico. Guarda en su fachada un hermoso tímpano gótico cuidadosamente tallado. En él aparecen imágenes de San Saturnino junto a la Reina Juana de Navarra y su esposo Felipe el Hermoso. En su estructura, se aprecia que se hizo en tiempos de guerra. Conserva un paseo de ronda sobre la bóveda de la nave que sirvió de calabozo. En el interior, el retablo mayor de traza gótica nos muestra una pintura protorrenacentista. Además, encontraremos dos retablos barrocos y varias pinturas sobre tabla.

 

Pero si no nos basta con retroceder hasta la época medieval, tenemos la oportunidad de viajar hasta casi nuestros orígenes por la ruta de los dólmenes. Para llegar a ellos, debemos ir al cementerio y tomar la carretera que se encuentra en la trasera del camposanto. Encontraremos el dolmen del Portillo de Enériz y el de la Mina de Farangortea, recuerdos de la cultura megalítica romana. Ambos tienen una losa de separación y están situados en túmulos de 20 m de diámetro por 2,5 m de altura. Además, nos remontaremos hasta el primer milenio antes de Cristo con los restos de las cabañas neolíticas de Farangortea y Dorre.

 

Mencionaremos así mismo, la iglesia gótica de San Pedro, su tríptico flamenco de la Epifanía y la cúpula de media naranja. Ya en las afueras de la villa está la basílica de la Virgen de Jerusalén. En ella, encontraremos una talla de orfebrería románica en cobre esmaltado de 30 cm. de altura, que según cuenta la leyenda, la trajo un artajonés de las Cruzadas de Tierra Santa.

 

En Artajona también podemos disfrutar de un paseo por sus calles y casas adornadas con áticos, blasones y arcadas.

OLITE

Recorrer Olite es volver a tiempos pasados. La Edad Media está presente en sus calles, palacios y rincones. El Castillo, impasible, vigila la vida de sus gentes. Olite, ciudad que fue sede real, es además tierra de famosas bodegas y mejor vino.

 

El Castillo-Palacio de Olite es una de las obras más representativas y queridas de Navarra. Se edificó sobre muros romanos, en los siglos XIII, XIV y en el XV especialmente, con Carlos III de Navarra. Fueron años de esplendor. Cuando Navarra se unió a la Corona de Castilla comenzó el declive. Ya no había reyes de Navarra que habitaran en él. Dos incendios y un saqueo lo dejaron irreconocible. Monumento Nacional desde 1925 ha sido restaurado recientemente. El palacio viejo es hoy Parador Nacional y aún conserva algunas torres como las de San Jorge, las Cigüeñas y la de la Prisión. El castillo nuevo, con sus quince torres, todas diferentes, llaman poderosamente la atención. Sobresalen la Torre del Homenaje, la Atalaya, la de las Tres Coronas y la de los Cuatro Vientos o la circular del Vigía. Fue sin duda un castillo de lujo: tenía delicadas labores de yesería, azulejería, vidrieras policromadas, techumbres doradas y surtidores. Entre las curiosas dependencias que tenían los reyes (leonera, palomar, pajarera, baños ¡en aquellos tiempos!) destaca una peculiar nevera: una construcción de piedra en forma de huevo que servía para almacenar el hielo.

 

Olite, además cuenta con la iglesia gótica de Santa María, un precioso claustro, una hermosa portada y su retablo mayor pintado por Pedro de Aponte. Otra obra de arte es la iglesia de San Pedro, mezcla armoniosa de estilos: torre gótica con una orgullosa aguja octogonal y portada y claustro románicos. En su interior, un bello retablo y la capilla de la Virgen del Campanal, con una preciosa talla gótica. No olvidaremos los conventos de San Francisco y de Clarisas, ambos con retablos rococós y en la plaza de Carlos III, la Torre del Reloj y unas galerías subterráneas medievales.

UJUÉ

Ujué parece responder a los delirios de un dibujante decidido a crear un pueblo imaginario, de cuento: sus calles estrechas que se deslizan por las laderas del cerro siempre sembradas de cuestas o escaleras, sus casas, cada rincón olvidado, ... Todo ello quita el aliento. Por si fuera poco, echar la vista en cualquier dirección desde Ujué no tiene desperdicio. A sus pies se aprecia el piedemonte de Tafalla y Olite, la Ribera, el monte Moncayo y los Pirineos, con picos como el Anie o la Mesa de los Tres Reyes.

 

Para visitar Ujué les aconsejamos que dejen el vehículo nada más llegar al pueblo o en la plaza del santuario, ya que los coches no pueden acceder al centro de la localidad.

 

Ujué nació como plaza fuerte para defender Navarra primero de los musulmanes y más tarde de Aragón. En lo más alto del pueblo, está la iglesia románica de Santa María. Nos deslumbra por su grandeza y sencillez. Se construyó sobre los restos de una iglesia prerrománica en los siglos XI y XII, pero fue sobretodo el rey Carlos II el Malo quien mayor empuje le dió. Él edificó la nave gótica, un bonito corredor de ronda y torres almenadas. En su interior se encuentra la bella imagen de Santa María con el Niño, una joya de la escultura románica navarra que data del Siglo XII y está recubierta de plata. Carlos II apreciaba tanto este lugar que, antes de morir, quiso que su corazón descansara ahí. Y aún hoy se conserva en esta iglesia en un cofre.

 

En Ujué se celebra una de las romerías más emotivas de esta Comunidad. Se festeja el domingo siguiente al 25 de abril, día de San Marcos y es en honor de la Virgen María. Los romeros acuden con túnicas, cruces y, a veces, incluso descalzos y con cadenas. Se reúnen junto a la Cruz del Saludo y seguidamente acuden al santuario a rezar a la Virgen.

 

Un consejo: no irnos de Ujué sin comer sus famosísimas almendras garrapiñadas, las migas de pastor y costillas asadas con sarmientos.

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